La Melesca

EL POETA POR ÉL MISMO

ARMANDO TEJADA GÓMEZ

 

La (gran) poesía como (infatigable) lucha por un mundo más justo, menos doloroso. Eso sembró Armando Tejada Gómez, aquí, en Mendoza. En esta nota, la vida y la cosmovisión del poeta, en su propia voz.

 

“Comencé a escribir poesía a los 13 años. Fui a una escuelita de Tres Porteñas en San Martín. A la muerte de mi padre, mi madre nos repartió porque éramos muchos y yo fui a la casa de una tía india, Fidela Pavón, en el campo, cosa que le agradezco a mi madre para siempre. Allí fui tres meses a la escuela, pero fue mi tía la que me enseñó a leer, durante una convalecencia, en su catecismo. Era muy beata y hacía novenas recorriendo las fincas. Yo leía las partes que me indicaba y me habitué a la letra de imprenta. Tuve una enorme dificultad para escribir. Como teníamos que ayudar a nuestra madre, fui muy poco a la escuela porque tuve que trabajar”.

“Salí a vender el diario Los Andes, querida memoria de este pueblo, a los 6 años y a los 15 terminé mi primer libro de poemas. Ese libro tenía influencias hasta del pasto: era un adefesio fenomenal. Por suerte se lo llevó el viento; se lo llevó el canal Guaymallén para siempre”.

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“Pachamama”

“A los 20 empezaron a salir algunas cosas y a los 23 escribí “Pachamama”, poemas de la tierra y el origen; cosmogonía americana del universo. Entre las consejas de los mayores y de los indios huarpes, de los que yo provengo, y de las reuniones de fogón, aprendí la cultura americana, porque no frecuenté aulas. Aprendí la voz popular en que creíamos. Muchas palabras huarpes que conocía de niño se usan todavía. Cuando volvíamos de lustrar yo oía a los cantores en los boliches que había a orillas del canal Guaymallén y el canto de nuestra gente se nos inoculó para siempre en la mente y en el espíritu. En la sangre ya lo traíamos”.

“Esta vinculación con el canto, la música y la copla ha creado una imagen bastante confusa. Se me considera a veces músico y me adjudican la autoría de muchas composiciones y yo jamás escribí una nota. La fama del autor de canciones y del cantor tapó el acontecimiento vertebral de mi vida, que es la literatura. Aún en Buenos Aires no se me considera escritor. Sobre todo en los cenáculos, y que además los detesto. Tampoco soy muy agradable ni sociable con los círculos. Pero vivo a disposición de mi gente, de mi pueblo. En el lenguaje y en la escritura, cualquiera sea el método que utilice, me lo da la gente”.

“A mi madre está dedicado “Pachamama”. De ella recibí las más grandes enseñanza de la cultura huarpe y americana. Mi madre hizo sexto grado, porque mi abuelo había sido próspero en Panquehua y un revolucionario: mandó a sus hijas hasta sexto grado, lo cual era una osadía hace más de un siglo atrás”.

Malevo y poeta

“En 1954 gané un certamen literario de la Municipalidad de la Capital con “Pachamama” y lo pude editar. Yo era entonces obrero albañil y alternaba este trabajo con la radiotelefonía, a la que recién ingresaba. Cuando abrieron el sobre de los datos personales se encontraron con un autor desconocido, domiciliado en la calle Ricardo Gutiérrez de la Media Luna y salté a la fama en la literatura, pero ya tenía pegada la fama del cantor, como diría Borges, de un compadrito de los arrabales y piringundines. La comunicación que tenía con la gente a través del canto y la guitarra creó un malentendido raro: yo era una especie de malevo que escribía versos. Muchos se ocuparon de agrandar la leyenda y otros de ponderarla. En 1957 gané el premio Los Andes del 75º Aniversario, con un poema del libro “La verdadera muerte del compadre”. Este premio también me lo dieron por unanimidad. Ahora voy a contar cuántas veces he perdido por unanimidad. Por entrevistar a Juan Carlos Castagnino, que venía de China, me iniciaron un sumario en la radio y me inhabilitaron como locutor en todo el país. Fue una año de exilio, en un Estado nazi, fascista, totalitario. Me ataron el paquete porque además yo me había negado a ponerme luto por la muerte de Eva Perón, a quien admiro, pero no me gustaba que me lo hicieran poner. Lo mismo que hizo más tarde la dictadura militar, ya me lo habían hecho a mi. Se prohibió mi nombre, yo recién comenzaba a hacer canciones, de modo que las difundían sin mencionarme. Partí al norte con una compañía folclórica, con el Chango Nieto y Eva Godoy y nos fundimos en Tucumán. Empeñamos lo que teníamos y arribamos a Buenos Aires. En el ínterin escribí “Tonada de la piel” y lo envié al concurso que hizo Gildo D’Accurzio y gané el premio que era la edición”.

La nueva canción

“Mi hermano Lucas, obrero albañil, me dijo un día que sus compañeros decían que yo escribía cosas que nadie entendía. Le expliqué que para poder manejar todos los elementos que conforman el trabajo literario necesitaba dominar el idioma, pero me quedé con la espina. Fue cuando comencé a escribir mis poemas llamados sociales, que me van a catapultar otra vez a la fama. Al mismo tiempo creamos con Oscar Matus, Tito Francia, Zanessi y Martín Ochoa, la nueva canción. Éramos una juventud a la que nos gustaba el jazz, Beethoven, Mozart, Bach, la tonada, la cueca: nunca hicimos una frontera para la música. Después, cuando recorrí el mundo, advertí que teníamos razón, que esa era la nueva cultura que asomaba. En aquel momento fue cuando escribí “Hay un niño en la calle”. En Primitivo de la Reta y Amigorena había un boliche que era el punto de reunión. En esas charlas, a causa de una apuesta, salió el tema del canillita que yo había sido”.

“Hay un niño en la calle”

poeta-de-la-legua“Yo tenía un terreno en Luzuriaga, donde había levantado un par de piezas. Allí pensé en ese desafío. Si este país hubiera tenido la suerte de un desarrollo más elevado, tal vez los diarios se venderían en los quioscos y los niños, en lugar de andar por la calle, estarían en la escuela. Entonces escribí: A esta hora exactamente, hay un niño en la calle. A partir de ese verso apareció el premio y el castigo. Para muchos fui un diablo comunista subversivo; para otros un poeta con alma social y espíritu cristiano. Pero lo que prevaleció, en pleno nacimiento de la guerra fría, fue el diablo de colmillos rojos que se quería comer a las niñas de la buena sociedad y derribarlas. Yo venía de los obrajes y de las cosechas de fruta. Me había criado duramente, esa era la verdad, y lo estaba traduciendo a lenguaje escrito. Y tuve éxito. En España les costaba creer que cualquier libro mío de poesía tiene una tirada de 10.000 ejemplares”.

“Yo sentía que había acertado con un lenguaje imprescindible, de diálogo con el desvalido, con el desgraciado de la tierra. Yo era uno de ellos y no por tener una situación diferente me sentía alejado. La noche que escribí “Hay un niño en la calle” estaba acertando con un mundial que ahora está frente a nuestras narices. Yo estoy seguro que nadie quiere ser injusto, pero se atienen tanto a sus intereses materiales y burdos que no prestan atención a esa población marginal, que no pertenece a ningún partido político ni a sindicato alguno, ni a vecindario alguno y que se convierte en depredadores o recuperadores de una dignidad que se les ha negado y así es como asistimos a una depredación permanente”.

“Me gustaría que la gente pudiente reflexionara un poco y se diera cuenta de que nada vale si hay un niño en la calle, porque ese niño se va a multiplicar y todo el mundo tiene derecho a la vida. Esto lo puse yo sobre el tapete y a partir de ahí me volqué a lo que se llama literatura social. Aquello que decía Sartre, del grado de compromiso con la historia”.

“Dios era olvido”

dios-era-olvido“Desarrollé otros temas, buceando en esta problemática y llegué a parar al centro del combate físico, de luchas sociales. Por eso en algún momento voy a ser diputado y por lo mismo venía siendo delegado del gremio de la construcción. Por lo mismo, fui diez veces a la cana, por encabezar movimientos de protesta entre los cosechadores de uvas y frutales”.

“Mi novela “Dios era olvido”, que va a nacer mucho después, cuenta sobre la primera huelga a causa del precio del tacho de uva. Inconteniblemente caigo al tema de “Antología de Juan”, que es mi síntesis. Es más, inventé un libro que es interminable, cuya segunda edición se ha producido hace un año y con más poemas que los que tenía el original. En esa antología fui anotando todos estos temas sociales, que son insoslayables”.

Carnicería histórica

“En Buenos Aires puse un espectáculo muy modesto. Allá vi caer a Perón y toda esa cosa me parecía inamovible. Del mismo modo que había leído que cayeron Yrigoyen y Rosas y me di cuenta que esto era una verdadera carnicería humana, que nos fracturaba toda memoria cultural. Anteayer era delito que yo hablara por radio o publicara un poema y a los dos días era delito llevar una escarapela con la efigie de Perón o Evita. Yo entonces era soltero. Pensé en mi madre, en este país caníbal y como ya pude regresar a Mendoza, volví y recuperé mi puesto en la radio. El doctor Vítolo me puso en la biblioteca legislativa, donde leí todos los libros que pude. Pero el doctor Vítolo me quería de candidato y yo prefería estar con los rebeldes del MIR. Es la época de Frondizi, quien luego será despedazado minuciosamente, incluso por mí, que había entrado en el canibalismo político. En esos momentos escribí “Historia de tu ausencia”, uno de los libros más dulces que tengo, y luego “Los compadres del horizonte”, dedicados a dos diablos del averno: Benito Marianetti y Ángel Bustelo. Mas tarde escribí “El capitán del sur”, un poema sobre la gesta de San Martín, nuestro vecino de la Alameda”.

ahi-va-lucas-romero“Las canciones venían subyaciendo desde que Matus y yo teníamos entre 15 y 17 años. Éramos románticos, adolescentes, y hacíamos unas guaranias llenas de melosa literatura y música correspondiente, hasta que un día escribimos la “De los humildes”. Simultáneamente, éramos cantores y yo lo fui hasta los 25 años. Dejé de cantar porque me aburría. En mitad de una zamba ya estaba cansado, porque me interesaba más la poesía como leguaje de masas. El texto de una canción me parecía chico y no quise canta más”.

“Ya teníamos “Zamba del riego”, epicentro de lo que fue la nueva canción. Y “Tonada de mi padre tropero” y “Zamba de la distancia”, que altera la armonía y crea un nuevo sentido de la narración verbal en el canto popular folclórico. Luego viene “Zamba azul” y “La Pancha Alfaro”, y mientras tanto escribo “Ahí va Lucas Romero” y además gano varios premios”.


Nota del Editor

Armando Tejada Gómez referencia a la «Zamba del riego» como uno de los temas fundamentales de lo que ya denominaba la «nueva canción». Forma parte de la obra compositiva hecha con Oscar Matus y la registran en la Sociedad de Autores y Compositores (SADAIC) el 11 de setiembre de 1961. Podría afirmarse que una de las primeras versiones grabadas es la que hizo Mercedes Sosa acompañada por Oscar Matus en guitarra. Formaba parte del LD que llamaron «Canciones con fundamentos», editado en el año 1965 por Producciones Matus y en la contratapa Tejada Gómez hace una presentación de la nueva cantora destacando, además, las bases del nuevo movimiento musical y cultural que gestaban los cultores del Nuevo Cancionero.


La «Zamba azul» fue inscripta en SADAIC el día 4 de abril de 1964 y forma parte de notables creaciones que generó junto al músico y guitarrista Tito Francia, obra que se constituyó en la más reconocida del binomio. Existe una versión -tal vez la primera- grabada a mediados de la década del ’60 en el Estudio Zanessi de Mendoza, por el Cuarteto Contemporáneo que dirigía y arreglaba el propio Francia. Este grupo vocal e instrumental estaba conformado por Jorge Montana como primer tenor; Tito Francia segundo tenor; Mario Bravo barítono y Oscar Canova como bajo. Bravo, autor de la tonada «Tal vez un día», luego vivió muchos años en Australia donde falleció. En la versión de la «Zamba azul» que incluimos -que ya supera los cincuenta años- podrán notar la modernidad de los arreglos musicales, vocales, orquestales y la forma interpretativa, en la que comenzaban a sustentarse las bases del «Nuevo Cancionero».


Diputado de la Media Luna

“Luego vino la diputación, mis luchas en la Legislatura, mi apertura hacia otras ideas políticas y mis viajes. La política es una disciplina que absorbe completamente el intelecto y todo el esfuerzo físico. El que tiene vocación muere allí. No era mi caso. Al término de mi mandato me querían usar de aquí y usar de allá. En eso me premiaron de la Casa de las América en La Habana por “Los compadres del horizonte”. Se me planteó el problema de mi verdadera vocación. Inventé que me iba a Buenos Aires y me encerré en mi casa de Luzuriaga a pan y agua, como hago cada vez que tomo decisiones importantes en mi vida. Después llamé a mis camaradas y compañeros y les dije que me relevaran, que nunca iba a perder mis convicciones, pero que la política no era mi tarea. Pepe García, un gran dirigente comunista, me dijo que Lenin fue escritor y revolucionario. Y yo le dije: Claro, pero yo me llamo Armando Tejada Gómez, y soy un negrito de la Media Luna. Don Benito Marianetti, que era un hombre muy amplio, el día que yo leí “Ahí va Lucas Romero”, me dijo: este es otro Martín Fierro; tómese toda la licencia que quiera y si es para siempre, que así sea. Mi madre, Doña Florencia, diosa del país de Cuyo, me lo enseñó todo. El primer día, cuando iba para la Cámara, me dijo: no mienta nunca a su pueblo, y me besó. Con esa orden hice toda mi tarea legislativa. Hay cosas como estas que quiero contarlas. El primer día que nos reunimos en el bloque, apareció uno de esos señores de portafolio. Me ofreció un Kaiser Carabela a pagar en largas cuotas. Le dije: Mire señor. Yo he llegado a pie a la Legislatura y me voy a ir a pie”.

El único intelectual

“Yo me había ganado ya creo que todos los premios de la provincia y me iba a hacer odiar, porque acá, vecinalmente, somos malísimos. Las canciones habían comenzado a circular. Vamos a decirlo en términos duros: mi negocio se había trasladado a Buenos Aires. Mi trabajo estaba allá y yo debía ayudar a sostener a mi familia, todos obreros y campesinos. El único que llegó a intelectual soy yo. En Buenos Aires las canciones iban delante de mí y luego también los libros. La editorial de “Antología de Juan”, que vendió 10.000 ejemplares, me costeó mi luna de miel en Punta del Este”.

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Ya no necesito nada

“Tras el gobierno de Frondizi vino un tal Guido, una especie de gelatina vaporosa de la Latinoamérica del subdesarrollo y con los militares en el gobierno el trato fue malo. Incluso con el regreso de Perón. Nunca he sido antiperonista; que eso quede bien claro. Poco a poco supe que no hay que ser anti de muchas cosas. En la Legislatura conocí a hombres probos como el Dr. Salvo, del partido conservador y al dignísimo señor Carlos Aguinaga, que me han dicho que ha publicado un libro estupendo. Los he respetado y me han respetado. Sabíamos que éramos hombres que peleábamos por el bienestar general de nuestro pueblo desde puntos diferentes. No es que esté haciendo las paces. Yo ya no necesito nada, estoy despojado de todo. Tengo todo lo que podría tener un hombre, un negrito de la Media Luna: estoy en el Espasa Calpe. ¡Que se yo!, todas esas sonseras que huelen a almidón y a eternidad. Acabo de rechazar un homenaje en Buenos Aires. No me gustan. A mí me homenajea el pueblo todos los días: no más que ver cuantos libros míos se venden”.

“Después vinieron las giras por todo el país. Monté en Buenos Aires un espectáculo con poesía hablada, ese arte de masa que nace en la juglaría y los coros griegos y de algún modo regreso al hábito de escuchar poesía. Natalio Faingold, recuerdo, me prestó treinta mil pesos para que editara mi primer disco. Fue un éxito tal que a los treinta días se los devolví, aunque él dice ignorar que me los prestó y, lo que es peor, dice ignorar que se los devolví”.

No sé escribir prosa

“En Buenos Aires se reeditaron varios libros, escribí tonadas y fueron momentos muy duros, muy políticos, muy polémicos. Cuando la dictadura última, cuando los genocidas no nos dejaron vivir y yo estaba prohibido, tenía prohibido todo mi país. Me dieron una cárcel dorada que fue Buenos Aires y ahí escribí mi primera novela, un drama en dos actos que era horrísono. Es que no sé escribir en prosa. De ahí nace “Dios era olvido”, que lo amo porque rescata todo el lenguaje cuyano, que no es moco de pavo: hay una cuyanidad. Hay un modo de serlo, de existir, de estar. En Occidente ser es ser alguien, llenarse de cosas, tener un departamento, un auto, una casa de campo, una cuenta bancaria, tarjetas de crédito, prestigio social y brillo, porque para ser alguien se necesitan objetos y que lo noten los demás. Al revés, desde el punto de vista de la cosmogonía americana, ser es estar, y esto lo dejo para la reflexión de todos mis conciudadanos”.

La cuyanidad

“La cuyanidad se nutre de una etnia a la que se ha tratado de tapar con arena. Hay una cultura milenaria, de ingeniería hidráulica, de cultivo, de cerámica, de telar, de cestería y mimbrería que no ha sido superada. Los artesanos jóvenes están tratando de volver a esa cultura y recuperarla porque es bellísima. Este tema viene a cuento porque se van a cumplir los 500 años del Descubrimiento. No descubrieron nada: dieron un ¡pumba! colosal contra el continente. Aquí había cultura y muchísima. Toda la cultura del Cuzco, de los mayas, Teotihuacán, Chichén-Itzá, el sistema de ciudad multiplicada hasta el mar, la escritura en los códices, la escritura del quipus. Somos un continente enterrado, y ahora todo lo que le queda a Occidente es desenterrarnos para ver hasta donde sabíamos algo. Tiahuanaco parece ser, según un estudio que hay en la UNESCO, una de las primeras metrópolis organizadas de la humanidad tapada por la arena”.

Toda la cultura encima

“Mi última novela que se llama “El río de la legua”, habla de los 400 años de vida de Buenos Aires, desde que llegó Pedro de Mendoza hasta que cae Perón. Es una saga y este es el primer tomo. Luego tengo que escribir el otro tomo si me da el cuero. El otro libro que he presentado se llama “Cosas de niño” y son poemas para adultos escritos desde el niño. “Dios era olvido” lo escribí durante la dictadura y gané un premio internacional. No me gusta decir esto. Ganamos doce mil dólares, que nos hizo muy bien a todos los exilados que estábamos tirados allá. La “Canción con todos” ha sido designada Himno de América Latina en la UNESCO y traducida a treinta idiomas, algunos tan insólitos como el danés. He firmado contrato para autorizar las traducciones. Ahora estoy revalorizando cosas que en el apuro no vi sobre mi país de Cuyo. Creo que hay que insistir en desenterrar esta memoria étnica. Creo que había una excelente y bella cultura, no para negar otras, sino para que alguna vez nos escuchen a nosotros. Yo no niego nada: me pongo toda la cultura mundial encima, solo que a veces me harto y en algún foro del mundo les digo: ¿Me dejan decirles como es la cultura de nosotros?. Y se ponen muy nerviosos”.

Casamiento huarpe

“Tal vez vuelva a radicarme en Cuyo. Me casé con una joven y es la primera vez que tenemos parientes europeos en la familia, no es por eso que hablé con esa desaprensión, porque tengo un enorme respeto por la cultura europea, pero les exijo que ellos también la tengan por nosotros. Me casé con una joven de apellido Succhini que me dio dos hijas bellísimas. La mayor nació cuando yo estaba en Pekín, visitando China. Al nacimiento de la menor asistí en la Clínica Patricias. Las dos son mendocinas y mi tercer pequeño, Gabriel, tiene 6 años. Es hijo de otra pareja, con quien no nos hemos llevado bien. Y mi tercer matrimonio es con Teresita Graffigna Bustelo, ya con ella muy asumidos por todos nuestros apremios culturales. Nos hemos casado en Pismanta por el rito huarpe, frente a toda nuestra familia”.

“El rito huarpe consiste, en parte, en el “sirviñacu”, que es un servicio mutuo. La pareja se prueba durante un año. Cuando se ha cumplido el plazo, acude a su familia y rinde cuenta del resultado de esa unión. Si quieren seguir siendo pareja para siempre, se convoca al mayor de la comunidad, que puede ser pariente o no, y él hace el ritual de casamiento. Consiste en ubicarse en el punto más alto o más visible de un sitio a la hora del cenit del sol, el mediodía pleno de América, y allí el mayor de la comunidad dice una oración, una rogativa por la pareja, que está descalza, de pié en la tierra. La mayor de la comunidad vuelca la bebida del lugar, en este caso vino, para que beba la Pachamama. Con las manos se hace una especie de pirámide entre todos y sobre la pirámide se tira el vino. La mayor de la comunidad y no de la tribu vuelca el vino. Tribu es un concepto occidental. Nosotros no somos ni indios ni tribu. Cuando el vino cae, la pareja dice una rogativa muy breve: Pachamama cusilla, cusilla Pachamama. No es madre tierra como traducen los españoles. Quiere decir: lo que es, fue y será; lo que permanece y permanecerá: el Universo. Cusilla quiere decir ampáranos. Y listo”.

«Armando Tejada Gómez» visto por Andrés Casciani


Nota publicada en Diario "Los Andes" de Mendoza - 05 de Enero de 1992

Fotos: Gentileza del Centro Cultural "Armando Tejada Gómez"

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